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La esperanza de encontrar sobrevivientes disminuye una semana después de la devastadora riada en el Himalaya

Nepal y el Tíbet enfrentan una de las mayores emergencias de los últimos años. Mientras continúan las labores de búsqueda, las autoridades comienzan a concentrarse en la atención de los damnificados y la reconstrucción de las zonas destruidas.

Una semana después de que una avalancha de hielo y roca provocada por el desprendimiento de un glaciar desencadenara una gigantesca riada en la región del Himalaya, las posibilidades de encontrar sobrevivientes comienzan a disminuir.

La emergencia ha dejado una cifra preliminar de 1.127 cuerpos recuperados en Nepal y 4.858 personas desaparecidas. En el Tíbet, las autoridades chinas reportan 21 fallecidos y 541 personas cuyo paradero aún se desconoce.

La magnitud de la tragedia ha obligado a los equipos de emergencia a trabajar contra el tiempo. En Nepal, el Centro Nacional de Operaciones de Emergencia reconoció que, con el paso de los días, se reducen las posibilidades de hallar personas con vida. Sin embargo, los grupos de rescate mantienen las labores de búsqueda, especialmente en las zonas donde todavía existe la posibilidad de encontrar sobrevivientes.

Una destrucción de enormes proporciones

Las comunidades más afectadas enfrentan pérdidas que van mucho más allá de las viviendas destruidas. Organizaciones humanitarias describen un escenario de devastación generalizada, con familias separadas, personas desplazadas y comunidades enteras que perdieron sus principales medios de vida.

Uno de los responsables de Acción Humanitaria de Plan International, Unni Krishnan, describió la situación como una destrucción de una intensidad difícil de comparar, especialmente por la concentración de los daños en determinadas zonas.

A la emergencia se suma la situación de cientos de trabajadores de proyectos hidroeléctricos ubicados a lo largo de los ríos Bhote Koshi y Trishuli. Aunque al menos 279 personas han sido rescatadas de estas instalaciones, otras 639 continúan desaparecidas. Los equipos especializados intentan ingresar a túneles bloqueados por agua, barro y escombros.

Para avanzar en estas operaciones participan equipos especializados de India, China y Estados Unidos, que trabajan en algunas de las zonas más difíciles de acceder.

Nepal comienza a pensar en la reconstrucción

Aunque la búsqueda de desaparecidos continúa, el Gobierno de Nepal ya comenzó a preparar una nueva etapa centrada en la rehabilitación y reconstrucción.

El primer ministro nepalí, Balendra Shah, anunció que la respuesta comenzará a desplazarse progresivamente de las labores de rescate hacia la recuperación de las comunidades afectadas. Esto no significa que se suspenda la búsqueda, sino que las autoridades deben comenzar a atender también las enormes necesidades de quienes sobrevivieron.

Uno de los mayores obstáculos será la cantidad de escombros. Una estimación preliminar del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo calcula que la riada dejó alrededor de 2,2 millones de toneladas de restos de edificios, rocas y sedimentos.

La reconstrucción, por tanto, será una tarea de largo plazo. Las organizaciones humanitarias advierten que no se trata únicamente de recuperar edificios, sino de reconstruir comunidades enteras y prepararlas para futuras emergencias.

Crece el riesgo sanitario

La tragedia también ha generado una nueva preocupación: la salud de miles de personas que quedaron desplazadas.

Según Naciones Unidas, unas 3.500 personas permanecen en 27 asentamientos para desplazados en Nuwakot y Rasuwa. El hacinamiento, la contaminación del agua y los daños en las instalaciones sanitarias aumentan el riesgo de enfermedades durante el monzón.

La Organización Mundial de la Salud mantiene vigilancia sobre enfermedades como el dengue y el tifus de los matorrales, mientras las autoridades han reforzado la atención médica, la vigilancia epidemiológica y el apoyo psicológico.

La situación es especialmente delicada para mujeres y menores. ONU Mujeres calcula que 43.000 mujeres y niñas requieren asistencia humanitaria inmediata, mientras UNICEF estima que más de 17.000 niños necesitan ayuda urgente.

También preocupa la seguridad de los niños

Las organizaciones humanitarias advierten que los desastres pueden profundizar problemas que ya existían en las comunidades, como el trabajo infantil, la explotación, los abusos y la trata de personas.

Por esta razón, los expertos consideran fundamental crear espacios seguros para los menores, garantizar su acceso a la educación y permitirles recuperar, en la medida de lo posible, una parte de su vida cotidiana después de la tragedia.

El Tíbet mejora el acceso a las zonas afectadas

En el Tíbet, las labores de emergencia también han comenzado a avanzar. Las autoridades chinas informaron que el corredor terrestre hacia el puerto de Gyirong está prácticamente habilitado, permitiendo el ingreso de rescatistas, maquinaria y suministros.

Durante los primeros días, las operaciones estuvieron limitadas por los daños en las carreteras, los desprendimientos y las interrupciones en las telecomunicaciones. La recuperación de la vía permitirá ampliar las búsquedas y llegar a zonas que permanecían aisladas.

Sin embargo, todavía existe riesgo de nuevos desprendimientos y de que los sedimentos vuelvan a bloquear los cauces.

Una emergencia que apenas comienza a cerrarse

A una semana de la tragedia, Nepal y el Tíbet entran en una etapa crítica. La búsqueda de sobrevivientes continúa, pero cada día que pasa reduce las posibilidades de encontrar personas con vida. Al mismo tiempo, millones de toneladas de escombros, miles de desplazados y graves daños en infraestructura obligan a pensar ya en una reconstrucción que podría tardar años.

Como resumen de esta realidad, desde las organizaciones humanitarias advierten que la recuperación no será rápida: será un proceso prolongado que requerirá apoyo internacional y recursos suficientes para que las comunidades puedan volver a levantarse.

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