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Colombia enfrenta una creciente presión sobre su seguridad energética: más calor, menos agua y un sistema que también depende del gas

El país se prepara para un nuevo episodio de El Niño mientras aumentan las temperaturas, crece la demanda eléctrica y los aportes hídricos permanecen por debajo de los promedios históricos. El problema no es únicamente cuánto llueva: también está en juego la capacidad del sistema para responder cuando coinciden altas temperaturas, menor disponibilidad de agua y restricciones en el suministro de combustibles.

Colombia entra en una etapa especialmente sensible para su sistema energético. El fenómeno de El Niño, que las autoridades climáticas anticipan con mayor intensidad a partir de septiembre, especialmente en las regiones Andina y Caribe, amenaza con poner simultáneamente bajo presión el agua disponible para generación hidroeléctrica y el consumo de electricidad de los hogares y empresas.

Y hay un dato que ayuda a dimensionar el problema: durante 2026 la demanda eléctrica ha aumentado de manera significativa. Según documentos oficiales, el crecimiento frente al mismo periodo de 2025 llegó al 5,67 % en marzo, 6,7 % en abril y 8,75 % en mayo, impulsado, entre otros factores, por las altas temperaturas. El 15 de mayo, Colombia registró además un máximo histórico de consumo diario de 261,86 GWh.

☀️ Más calor significa más consumo

Cuando las temperaturas suben, también aumenta el uso de ventiladores, aires acondicionados, sistemas de refrigeración y otros equipos eléctricos. El resultado es una ecuación incómoda: el calor incrementa la demanda justo cuando el comportamiento climático puede reducir la disponibilidad del recurso hídrico que sostiene buena parte de la generación eléctrica del país.

XM reportó que al cierre de julio los embalses del sistema estaban en 79,99 % de su capacidad útil, pero también advirtió que ese nivel se encontraba por debajo de la senda de referencia establecida por la CREG y que los aportes hídricos acumulaban cuatro meses consecutivos por debajo del promedio histórico.

Esto no significa que Colombia esté hoy frente a un apagón inevitable. Significa algo más serio y menos espectacular: el margen de maniobra del sistema debe vigilarse permanentemente.

💧 El agua se convierte en un asunto energético

La dependencia de la hidroelectricidad hace que el comportamiento de los embalses sea determinante. Ante una hidrología desfavorable, el sistema necesita recurrir con mayor intensidad a otras fuentes de generación, especialmente las térmicas.

La propia CREG ha advertido sobre una creciente dependencia de la generación térmica en escenarios de hidrología crítica, al tiempo que señala factores como el crecimiento de la demanda, retrasos en expansión de generación y transmisión y restricciones en la disponibilidad de combustibles.

Aquí aparece uno de los mayores riesgos: que el problema deje de ser exclusivamente hidráulico y termine convirtiéndose en una presión simultánea sobre agua, electricidad y combustibles.

🔥 ¿Y qué ocurre con el gas?

El gas natural cumple un papel estratégico porque alimenta parte de la generación térmica que puede respaldar al sistema eléctrico cuando disminuye la generación hidráulica.

Durante 2026 el Gobierno ha tenido que adoptar medidas específicas para proteger el abastecimiento de gas y la confiabilidad eléctrica, incluso durante el mantenimiento de la terminal de regasificación SPEC en Cartagena. En ese episodio, el Ministerio aseguró que se habían adoptado medidas para garantizar la demanda esencial y la generación eléctrica.

Por eso, hablar de “falta de gas” requiere precisión. No hay evidencia en las fuentes oficiales consultadas de que actualmente exista un desabastecimiento generalizado de gas para todo el país. De hecho, el Ministerio afirmó en diciembre de 2025 que las proyecciones preliminares cubrían más del 98 % de la demanda de gas natural para 2026.

El problema está en otro punto: cuando el sistema eléctrico necesita aumentar la generación térmica, la disponibilidad y confiabilidad del combustible se vuelven todavía más importantes.

⚠️ La verdadera alerta: prepararse antes de que llegue la crisis

El Gobierno anunció desde junio medidas para enfrentar los posibles efectos de El Niño, incluyendo estrategias para incentivar el ahorro de energía y agua.

La pregunta crítica, sin embargo, es si esas medidas serán suficientes ante un escenario en el que confluyan tres factores: temperaturas elevadas, aportes hídricos inferiores al promedio y una demanda eléctrica cada vez mayor.

Colombia ya tiene experiencia con los efectos de El Niño y las crisis de abastecimiento. Precisamente por eso, esperar a que los embalses caigan o que aumente la demanda para reaccionar sería una estrategia tardía.

La seguridad energética no se mide únicamente cuando las luces permanecen encendidas. Se mide en la capacidad del país para anticiparse al momento en que el agua escasea, el calor dispara el consumo y el gas necesario para respaldar la generación debe estar disponible.

El reto de los próximos meses será evitar que una combinación de fenómenos climáticos y vulnerabilidades estructurales termine convirtiéndose en una crisis de energía.

Porque esta vez la alerta no viene de un solo frente: viene del cielo, del agua y de la capacidad del sistema para responder.