La salida de Ricardo Valencia de la dirección del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, apenas unas semanas después de su llegada al cargo, abrió un nuevo frente de discusión alrededor del Gobierno de Abelardo de la Espriella. La Presidencia argumenta que el relevo responde a diferencias sobre la revisión de las cifras oficiales y al incumplimiento de directrices de comunicación. Sin embargo, el momento de la decisión —después de la polémica por la cancelación de ruedas de prensa sobre inflación y desempleo— vuelve a poner bajo la lupa la autonomía técnica del DANE y la relación entre poder político, estadísticas y opinión pública.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella declaró insubsistente a Ricardo Valencia como director del DANE y anunció como reemplazo a Juan Manuel Alvarado Nivia. Valencia había asumido la dirección en agosto y permaneció poco más de un mes al frente de la entidad encargada de producir y divulgar buena parte de las estadísticas oficiales del país.
La decisión fue confirmada por la Presidencia, que explicó que Valencia había afirmado que no había encontrado anomalías en algunos indicadores correspondientes a julio sin que, según el Ejecutivo, se hubieran realizado previamente “auditorías profundas”. Para el Gobierno, era necesario revisar rigurosamente la información heredada de la administración anterior antes de sacar conclusiones.
Pero existe un segundo elemento que ha hecho que el caso trascienda una simple salida administrativa.
El DANE vuelve al centro de la tormenta
La salida de Valencia ocurre pocos días después de que el DANE cancelara una rueda de prensa en la que estaba previsto explicar los resultados de inflación.
La controversia generó críticas de exdirectores de la entidad y de organizaciones defensoras de la libertad de prensa, especialmente por la posibilidad de que las nuevas directrices de comunicación del Gobierno terminaran limitando el contacto directo entre funcionarios y periodistas.
Ahora, el relevo del director vuelve a poner aquella discusión sobre la mesa.
La cuestión no es únicamente quién dirige el DANE.
La cuestión es hasta qué punto una institución que debe producir información estadística con criterios técnicos puede quedar expuesta a cambios políticos o instrucciones relacionadas con la comunicación gubernamental.
El Gobierno habla de rigor; sus críticos temen interferencias
La Casa de Nariño sostiene que la salida no significa intervenir las metodologías ni manipular las estadísticas. De hecho, el Ejecutivo ha asegurado que la independencia técnica del DANE será respetada y que su intención es fortalecer la entidad, modernizarla y revisar la información recibida.
Esa explicación merece ser tomada en cuenta.
Pero también es legítimo preguntarse si la sucesión de decisiones alrededor de la entidad puede terminar afectando la percepción de independencia que necesita para conservar credibilidad.
En estadística, la confianza es tan importante como el dato.
Una cifra de inflación puede ser técnicamente correcta, pero si una parte de la ciudadanía considera que su publicación responde a intereses políticos, la institución pierde uno de sus activos más importantes: la confianza pública.
Una dirección que duró apenas semanas
Otro elemento que llama la atención es la rapidez del relevo.
Valencia llegó al cargo en agosto y su salida se produjo aproximadamente un mes después.
Una permanencia tan corta dificulta que un nuevo director pueda consolidar una agenda institucional, implementar reformas o desarrollar una estrategia de largo plazo.
También deja una pregunta inevitable:
¿Qué tan estable puede ser la conducción de una entidad estadística fundamental para el país si sus directores pueden cambiar en cuestión de semanas?
El nuevo responsable, Juan Manuel Alvarado Nivia, tendrá precisamente el reto de demostrar que el DANE puede mantener continuidad técnica en medio de un escenario político altamente sensible. La Presidencia señala que entre sus primeras tareas estará revisar la información recibida, comunicar sus resultados y avanzar en la modernización tecnológica e institucional de la entidad.
Una disputa que también es sobre las cifras del país
El trasfondo político tampoco puede ignorarse.
Las cifras del DANE son utilizadas para evaluar gobiernos, justificar políticas económicas y medir problemas como inflación, desempleo, pobreza y crecimiento.
Por eso, quien controla la narrativa alrededor de esas cifras tiene una enorme capacidad para influir en la conversación nacional.
El Gobierno anterior fue cuestionado por sectores políticos que pusieron en duda determinados indicadores. El actual Ejecutivo, por su parte, ha anunciado una revisión de la información que recibió.
Pero hay una línea que debería ser cuidadosamente protegida:
revisar las cifras es legítimo; condicionarlas políticamente sería otra cosa.
Y precisamente por eso las auditorías, metodologías y resultados deben ser transparentes y verificables.
El nuevo director tiene una prueba inmediata
Juan Manuel Alvarado llega al DANE con una tarea que trasciende su nombramiento.
Deberá convencer a la opinión pública de que las estadísticas seguirán siendo producidas con criterios técnicos, independientemente de las conveniencias políticas del Gobierno de turno.
La mejor manera de hacerlo no será con discursos.
Será con datos verificables, metodologías transparentes, explicaciones públicas y acceso suficiente de los periodistas a los responsables de las cifras.
Porque un DANE confiable no puede depender de que sus resultados le gusten al Gobierno o a la oposición.
El verdadero riesgo es perder la confianza
Colombia necesita estadísticas confiables precisamente porque las decisiones económicas y sociales dependen de ellas.
Empresas calculan inversiones con sus datos.
Gobiernos diseñan políticas públicas con sus indicadores.
Investigadores evalúan la realidad nacional con sus bases.
Y los ciudadanos utilizan esas cifras para entender si su situación está mejorando o empeorando.
Por eso, la discusión sobre la salida de Ricardo Valencia no debería reducirse a una pelea entre seguidores y críticos de De la Espriella.
El debate de fondo es institucional:
¿Puede el Gobierno cambiar al director del DANE sin que eso genere dudas sobre la independencia de las estadísticas?
La respuesta dependerá menos de las declaraciones y más de lo que ocurra a partir de ahora.
Porque el Gobierno puede nombrar al director.
Pero la credibilidad de las cifras no se decreta: se construye.
Y después de la salida de Ricardo Valencia, esa credibilidad vuelve a estar bajo examen.