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Las turberas: el humedal desconocido que podría ser clave para enfrentar El Niño

Estos ecosistemas funcionan como grandes esponjas naturales: almacenan agua durante largos periodos y guardan enormes cantidades de carbono. Aunque están presentes en páramos, selvas y otros humedales de Colombia, todavía son poco conocidos.

En medio de los páramos de los Andes, los morichales de la Orinoquia y los bosques húmedos de la Amazonia existe un ecosistema que, aunque muchas personas no conocen, puede ser fundamental para el futuro del agua en Colombia: las turberas.

Se trata de humedales donde el agua permanece durante largos periodos y la materia orgánica se acumula durante cientos, miles e incluso millones de años. Con el paso del tiempo se forman capas de turba que funcionan como una enorme reserva natural de agua y carbono.

Su importancia podría aumentar ante los periodos secos relacionados con el fenómeno de El Niño. El ecólogo Santiago Rocha Cárdenas, impulsor del proyecto Turberas para el futuro, explica que estos ecosistemas funcionan de manera parecida a una esponja: absorben agua, la almacenan debajo del suelo y ayudan a regular su circulación hacia las cuencas.

Una reserva de agua escondida bajo el suelo

Los páramos son conocidos por su capacidad para regular el agua, pero dentro de estos ecosistemas existen zonas que han recibido mucha menos atención: las turberas.

Su capacidad para conservar agua está relacionada con la gran cantidad de materia orgánica que contienen y con la presencia de musgos como el Sphagnum. El agua queda almacenada bajo la superficie y puede permanecer allí durante largos periodos.

Esto resulta especialmente importante durante las temporadas secas. Mientras la falta de lluvia puede aumentar el riesgo de incendios y afectar diferentes ecosistemas, las turberas mantienen parte del agua bajo tierra y pueden contribuir a conservar los caudales de los ríos.

El impacto puede ser mayor de lo que parece. Muchos ríos colombianos nacen en zonas de páramo y una parte importante de la población depende del agua que estos ecosistemas ayudan a regular. Según Rocha Cárdenas, una parte importante de esa población depende indirectamente del agua almacenada en las turberas, aunque muchas personas ni siquiera sepan qué son.

No están solamente en los páramos

Uno de los problemas para proteger las turberas es que no tienen una apariencia única.

Pueden encontrarse en los páramos, pero también debajo de los morichales de los Llanos Orientales, en bosques inundables de la Amazonia, en manglares y en otros tipos de humedales. Por eso, una turbera puede verse completamente diferente dependiendo del lugar donde se encuentre.

En algunos sitios puede parecer un terreno pantanoso. En otros, puede encontrarse debajo de palmas, agua o vegetación. Incluso caminar sobre ellas puede revelar su presencia: a diferencia de un suelo firme, el terreno puede hundirse debido a la cantidad de agua y materia orgánica acumulada.

Los expertos consideran necesario que las personas conozcan estos ecosistemas directamente y aprendan a identificarlos para comprender por qué es importante protegerlos.

Grandes almacenes naturales de carbono

Las turberas tienen otra característica que las convierte en ecosistemas estratégicos: almacenan enormes cantidades de carbono.

Una investigación de la Universidad de California Santa Cruz encontró que la densidad promedio de carbono por área en las turberas colombianas puede ser entre cuatro y diez veces mayor que la de la selva amazónica.

La explicación está en la forma en que se forman. Como el suelo permanece saturado de agua y tiene poco oxígeno, la materia vegetal se descompone lentamente. Hojas, ramas y otros restos se van acumulando y forman la turba, mientras el carbono permanece atrapado en el suelo.

A nivel mundial, las turberas ocupan aproximadamente el 3 % de la superficie terrestre, pero almacenan más carbono que todos los árboles del planeta. En las tierras bajas del oriente colombiano podrían existir entre 7.370 y 36.200 kilómetros cuadrados de turberas, según el estudio citado en la investigación.

El peligro aparece cuando se destruyen

La misma característica que permite a las turberas almacenar carbono puede convertirse en un problema cuando estos ecosistemas son dañados.

Si una turbera es drenada, el agua desaparece, entra oxígeno en el suelo y la materia orgánica comienza a descomponerse rápidamente. De esta manera, el carbono que permaneció almacenado durante siglos o miles de años puede terminar liberándose a la atmósfera.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que las turberas degradadas generan alrededor del 4 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero provocadas por actividades humanas. Además, los incendios en turberas drenadas pueden liberar hasta diez veces más carbono por hectárea que un incendio forestal típico.

En los páramos, una de las amenazas está relacionada con la ganadería y la agricultura. Algunas turberas se encuentran en terrenos planos que pueden ser utilizados para criar ganado o cultivar papa. Para sacar el agua del terreno se pueden abrir zanjas, alterando el funcionamiento natural del ecosistema.

El pisoteo del ganado también puede compactar el suelo y reducir su capacidad para almacenar agua.

Restaurar un páramo es mucho más que sembrar frailejones

Durante años, muchas acciones de restauración de páramos se han concentrado en recuperar la vegetación mediante la siembra de frailejones y arbustos.

Sin embargo, los expertos advierten que un páramo puede volver a verse verde y, aun así, no haber recuperado completamente sus funciones naturales.

La restauración también debe recuperar la capacidad del ecosistema para almacenar y regular el agua y conservar carbono. Para lograrlo, es necesario proteger y recuperar las turberas que forman parte de estos territorios.

Entre las tareas prioritarias están identificar qué lugares son turberas, explicar su importancia a las autoridades y comunidades y crear mapas que permitan conocer dónde están y cuál es su estado de conservación. Las que permanecen intactas deben ser protegidas y las que han sido degradadas necesitan procesos de recuperación.

Un ecosistema que puede estar justo bajo nuestros pies

Cuando se habla de prepararse para un fenómeno como El Niño, la atención suele concentrarse en los embalses, ríos y páramos. Pero existe otra reserva de agua que permanece prácticamente escondida: el suelo de las turberas.

Estos humedales pueden almacenar agua y carbono durante largos periodos y están presentes en diferentes paisajes de Colombia. El problema es que muchas todavía no han sido identificadas y, por lo tanto, tampoco cuentan con la protección necesaria.

La situación plantea un desafío urgente: una turbera puede tardar cientos, miles o incluso millones de años en formarse, mientras que una intervención como drenarla, compactarla o destruir su suelo puede alterar rápidamente las funciones que desarrolló durante todo ese tiempo.

Por eso, conocer estos ecosistemas es el primer paso para protegerlos. En un país que necesita prepararse para periodos de mayor presión sobre el agua, las turberas podrían convertirse en una pieza fundamental para conservar este recurso y mantener almacenado el carbono.

El gran reto ahora es dejar de verlas como simples terrenos húmedos y reconocerlas por lo que realmente son: auténticas reservas naturales de agua y carbono.